De lo más revelador ha sido esta última sesión, para decir: ¡Jesús es mi Señor!. Quiero decirlo con palabras, pero especialmente con mi vida misma: la renuncia diaria a ser yo el centro de mi vida, para ceder el lugar a Jesús, pero no como dominio o falta de libertad, sino con la plena confianza de que le pertenezco, y que me sostiene en su amor inagotable e incansable ante mis faltas. Gracias por estos textos apoyados en la Palabra de Dios, y por la claridad con que he descubierto la necesidad de conservarlos en mi corazón: no como conceptos que se puedan aprender, sino como un susurro que me habla del amor de Dios y me permite "gozar" de su presencia. A lo largo de las actividades fui confirmando que el caminar que logramos junto a Palabra y Obra no es sólo para catequistas, sino para todos, todos los hijos de Dios, pero claro, necesitamos que se nos guíe para conocer esta manera de descubrir que Jesús es nuestro Señor.
¡Cuidado y vigilancia! pide San Pablo en uno de los párrafos de esta sesión. Sí, creo que he comprendido la atención que debo tener ante todos los embates del mundo, no los puedo eliminar, pero sí pedir al Espíritu Santo que me revista de su gracia y ayuda para enfrentarlos. He descubierto que la vida sigue, pero teniendo a Jesús como mi Señor, ¡Qué diferente es su peso! y ¡Qué alegría en mi misión! Le pido a mi Señor Jesús que se conserve en el seno de mi familia, y que nos fortalezca en la búsqueda que de Él siempre hemos hecho: que lo descubran mis hijos en sus alegrías, en sus retos, en sus afanes y que identifiquen su gran tesoro de ser hijos de Dios. Como catequista sólo pido ser un medio para que "los que me has encomendado Señor", te descubran y te reconozcan como los discípulos de Emaús, que de lo demás Tú te encargas!!
Quiero agradecer sinceramente a Palabra y Obra esta experiencia, este cambio, especialmente a ti Erika y a toda tu familia por el gran testimonio que dan y que Dios bendiga todo su trabajo que es ¡Para Gloria del Señor!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario